La sensación comienza de forma súbita: el corazón late con una fuerza inusual, el aire parece no llegar a los pulmones y una idea recurrente de peligro inminente inunda tu mente. Si has experimentado esto, sabes lo aterrador que puede resultar no comprender qué está sucediendo en tu propio cuerpo. Aquí exploraremos en profundidad ante un ataque de ansiedad qué hacer para recuperar el control, entendiendo que estas crisis, aunque intensas, son gestionables con las herramientas correctas y el apoyo profesional basado en la evidencia científica.
Entendiendo el origen y un ataque de ansiedad qué hacer al respecto
Para abordar esta situación, primero debemos definir qué es realmente una crisis de ansiedad. Un ataque de ansiedad, a menudo confundido con un ataque de pánico, es una respuesta extrema de nuestro sistema de alerta. Se manifiesta cuando el estrés acumulado o un detonante específico sobrepasan nuestra capacidad de regulación emocional. Es fundamental comprender que esta respuesta es, en esencia, una activación del sistema nervioso simpático que prepara al cuerpo para una amenaza que, en ese momento, no es real ni física.
La diferencia fundamental entre la ansiedad común y una crisis aguda radica en la intensidad de la sintomatología. Mientras que la ansiedad puede ser un estado de preocupación persistente, el ataque es una explosión de síntomas que alcanza su punto máximo en pocos minutos. Al identificar que se trata de un proceso fisiológico y no de una emergencia médica como un infarto, el individuo puede comenzar a aplicar estrategias de desescalada de forma más efectiva.
Existen diversos factores que pueden predisponer a una persona a sufrir estos episodios:
- Factores genéticos: Una predisposición hereditaria a tener un sistema nervioso más reactivo ante el estrés ambiental.
- Bioquímica cerebral: Desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina o el GABA, que regulan la calma y el estado de ánimo.
- Eventos vitales estresantes: Acumulación de tensiones laborales, problemas económicos o duelos no procesados adecuadamente.
- Rasgos de personalidad: Tendencias al perfeccionismo, la necesidad de control o una alta sensibilidad emocional.
Pasos inmediatos frente a un ataque de ansiedad qué hacer en crisis

Cuando te encuentras en medio de la tormenta, la prioridad es reducir la intensidad de la respuesta física. La primera regla de oro es no luchar contra la sensación. Resistirse intensamente a los síntomas suele generar más angustia, alimentando un ciclo de retroalimentación donde el miedo al síntoma genera más síntomas. En lugar de eso, la aceptación radical de que estás pasando por un momento incómodo, pero no peligroso, es el primer paso para la desactivación.
Una técnica fundamental es la respiración diafragmática. Durante una crisis, tendemos a respirar de forma superficial y rápida (hiperventilación), lo que altera los niveles de dióxido de carbono en la sangre y aumenta los mareos y hormigueos. Al forzar una respiración abdominal lenta, enviamos una señal directa al cerebro de que el peligro ha pasado, activando el nervio vago y, por consiguiente, el sistema parasimpático encargado de la relajación.
Para aplicar una gestión efectiva, sigue este proceso de cinco pasos:
- Reconoce y nombra: Di para tus adentros “estoy teniendo una crisis de ansiedad, esto va a pasar”. Etiquetar la emoción reduce la actividad de la amígdala cerebral.
- Anclaje al presente: Busca un lugar donde puedas sentarte y sentir el contacto de tus pies con el suelo o tu espalda con la silla para reducir la sensación de despersonalización.
- Respiración controlada: Inhala por la nariz en 4 tiempos, mantén el aire 2 tiempos y exhala suavemente por la boca en 6 tiempos, repitiendo hasta sentir un cambio.
- Técnica de distracción sensorial: Utiliza el método 5-4-3-2-1, identificando 5 objetos que veas, 4 que puedas tocar, 3 que oigas, 2 que huelas y 1 que puedas saborear.
- Autocompasión: Háblate como lo harías con un amigo querido. Evita juzgarte por sentirte así; tu cuerpo solo está tratando de protegerte, aunque de forma equivocada.
La ciencia detrás de la crisis y un ataque de ansiedad qué hacer después
Desde la neurociencia, un ataque de ansiedad se explica como un “secuestro amigdalino”. La amígdala, una estructura pequeña en forma de almendra en nuestro cerebro, actúa como un radar de amenazas. Cuando detecta un peligro (real o imaginario), dispara una señal al hipotálamo, que a su vez activa las glándulas suprarrenales para liberar cortisol y adrenalina. Estas hormonas son las responsables de que tus músculos se tensen, tus pupilas se dilaten y tu sistema digestivo se detenga para priorizar la energía en las extremidades.
Estudios demuestran que, tras el episodio, el cuerpo entra en una fase de agotamiento. Es lo que se conoce como el periodo de “resaca emocional”. Es normal sentir un cansancio profundo, tristeza o miedo a que el ataque se repita. La investigación indica que la forma en que gestionamos el post-evento es crucial para prevenir la cronificación del problema o el desarrollo de un trastorno de pánico.
Es vital realizar cambios estructurales en el estilo de vida para regular los niveles basales de cortisol:
- Actividad física regular: El ejercicio ayuda a “quemar” el exceso de hormonas del estrés acumuladas en el cuerpo.
- Higiene del sueño: Un cerebro descansado tiene un umbral mucho más alto ante los estímulos ansiosos.
- Alimentación equilibrada: Reducir el consumo de cafeína, azúcar refinada y alcohol, que son potentes estimulantes del sistema nervioso.
- Práctica de Mindfulness: La meditación regular entrena al cerebro para observar los pensamientos sin reaccionar impulsivamente ante ellos.
Tratamientos efectivos: un ataque de ansiedad qué hacer para sanar
Si estas crisis se vuelven recurrentes, es imperativo buscar ayuda profesional. La evidencia científica sitúa a la terapia cognitivo-conductual (TCC) como el tratamiento más eficaz. Este enfoque no solo ayuda a manejar los síntomas, sino que reentrena tu mente para identificar los patrones de pensamiento distorsionados que inician la crisis. A través de la TCC, se trabaja en la desensibilización de los síntomas físicos, permitiendo que dejes de temerles.
En algunos casos, el acompañamiento terapéutico puede complementarse con fármacos recetados por un psiquiatra, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Sin embargo, la medicación suele considerarse una muleta temporal que facilita el trabajo profundo en terapia, que es donde ocurre la verdadera transformación a largo plazo. No existen soluciones mágicas, pero sí un camino estructurado hacia la recuperación.
El proceso de sanación suele incluir las siguientes fases terapéuticas:
- Psicoeducación: Comprender exactamente qué le pasa a tu cuerpo y por qué la ansiedad no es una enfermedad mortal.
- Identificación de disparadores: Analizar qué situaciones o pensamientos específicos actúan como mecha para tus ataques.
- Reestructuración cognitiva: Cambiar creencias irracionales como “me voy a volver loco” o “voy a morir” por pensamientos basados en la realidad.
- Exposición interoceptiva: Aprender a tolerar las sensaciones físicas de la ansiedad en un entorno seguro hasta que pierdan su poder sobre ti.
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En resumen, enfrentar una crisis de angustia requiere conocimiento, paciencia y las herramientas adecuadas. Has aprendido que, ante un ataque de ansiedad qué hacer implica desde técnicas de respiración hasta la búsqueda de un tratamiento profesional de largo aliento. La ansiedad no tiene por qué definir tu futuro ni limitar tus capacidades. Existe una salida y el acompañamiento profesional es la llave para abrir esa puerta hacia la tranquilidad. Te invitamos a dar el paso hoy mismo consultando en Fonasa Mindy y explorando todos los beneficios de nuestra red en Mindy. Tu bienestar mental es nuestra prioridad.
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